Ya sólo queda Carrillo
16/01/2012
De los políticos españoles de amplia trayectoria sólo quedaban dos con vida: Carrillo y Fraga. Hasta anoche. El León de Perbes rugía por última vez. Pero lo hizo antes en muchísimas ocasiones. Yo viví una, y temí sufrir una segunda. La primera fue cuando, echando yo los primeros dientes periodísticos, en Alicante, Fraga concedió en calidad de presidente de AP y líder de la oposición, una rueda de prensa. Nada más comenzar a responder preguntas se rascó un ojo, y un fotógrafo allí presente captó el instante. Fraga se giró interrumpiéndose a sí mismo para encararse con el gráfico, afearle con energía la acción, y asegurar que si de un caballero se tratara no dudaría en enviarle al día siguiente el carrete con la instantánea. Dicho lo cual, recuperó la posición y continuó la respuesta dejada a medias. Con ese precedente, casi veinte años después, entrevisté para la radio autonómica valenciana a Manuel Fraga. No sin cierta inquietud. Fue por teléfono, y no pasó nada. Nada desagradable, más allá de mis dificultades para entender algunas de sus respuestas y formular a continuación nuevas preguntas que no hubieran quedado desvirtuadas por esas ininteligibles contestaciones, a fin de sortear una más que probable reprimenda de don Manuel. Creo que esta noche podré reproducir en Ràdio 9 algún fragmento de esa entrevista que mis compañeros de documentación recuperaron la semana pasada en previsión de que pudiera ocurrir lo que ha pasado. Son mis dos pequeñas experiencias personales con Manuel Fraga, el hombre del que hoy nadie hace encomios más allá del de que bajó a la montaraz Derecha a las planicies de la Democracia. Nos limitamos a hacer uso del eufemismo de que forma parte de la Historia o del tópico de que le cabía el Estado en la cabeza. Que era una forma casi erudita de llamarle cabezón. Supongo que ello es así porque Fraga viene de la Dictadura, y eso pesa para muchos casi más que que asentara la Democracia, a diferencia del caso de Suárez. Y lo hizo, entre otras cosas, fundando El País. El caso es que de aquéllos políticos españoles de amplia trayectoria ya sólo queda Carrillo, al que Fraga por cierto, presentó una vez un libro. A los dos, cuando las primeras elecciones democráticas, les pasaron contra pronóstico y por el centro Suárez y González. Carrillo no viene, ciertamente, de la Dictadura, sino de la Guerra. Ya veremos en su momento qué se destaca de él en los periódicos.

